“Los principales partidos en Túnez plantean la misma subordinación al FMI”

10353327_640462196047903_1134737797533784821_oLa documentalista tunecina Inés Tlili enseña su paquete de cigarros. “Esto, por ejemplo, antes costaba un dinar y hoy cuesta tres”, asegura. Desde que las revueltas lograran echar del poder a Ben Alí, en enero de 2011, los precios no han dejado de subir. Además, las detenciones de activistas políticos continuaron tras la caída del dictador y se mantienen hoy. Muchos de ellos, incluida la misma Tlili, son acusados de haber quemado cuarteles de policía durante la revolución. Al mismo tiempo, no se persigue a los que cometieron abusos y asesinatos durante ese periodo. “La impunidad no se ha acabado”, sentencia.

En este contexto, la joven documentalista no cree que las elecciones legislativas que se celebrarán el 26 de octubre -en la que habrá más de 1.500 listas con candidaturas- consigan cambiar algo. Un mes más tarde serán las presidenciales, en las que hasta el momento hay 70 candidatos. “En la esfera pública hay destacadas figuras que fueron claves durante el mandato de Ben Ali”, incide Tlili. Es el caso de Kamal Mourjane, que fue ministro de Defensa desde el 2005 hasta el 2010 y de Asuntos Exteriores de 2010 a 2011. “Todo responde a un plan geoestratégico, los principales partidos plantean la misma subordinación al FMI y al Banco Mundial”, asegura, haciendo referencia a las propuestas de los candidatos.

En cualquier caso, el país norteafricano espera con expectación las elecciones. Por un lado, el Partido del Renacimiento (Al-Nahda, en árabe), tras lograr el poder en los pasados comicios, empezó a perder fuerza. “No pudo cumplir con su programa electoral”, asegura Inés. Por un lado ha perdido el apoyo de los islamistas, al no aplicar leyes relacionadas con la sharia. “También se sometió a debate una ley que nos permitía tomar decisiones respecto a la economía pero finalmente no se llevó a cabo”. Al-Nahda, tras formar un gobierno de corte tecnócrata, ha comenzado a implementar recortes en el país.

Por otro lado, el principal partido de la oposición, el Movimiento Patriótico Democrático, de corriente más progresista, se vio afectado por el asesinato de dos de sus principales dirigentes, Choukri Belaid y Mohamed Brahmi. “Poco o nada se sabe del paradero de los culpables a día de hoy”, lamenta Tlili. Activistas como esta joven tunecina se organizan para conseguir una información fiable. “Los medios no informan, los organismos oficiales hablan de un tema cuando quieren y dejan de hacerlo cuando les interesa”, denuncia. También se organizan para contrarrestar la imagen “errónea” que se tienen en otros países sobre lo que ocurre en Túnez.

Los derechos en el país norteafricano

Thili visitó España la semana pasada junto a activistas de varios países en conflicto en el marco de un encuentro formativo organizado por el Instituto Internacional para la Acción No Violenta(NOVACT), bajo el nombre de ‘¿Primaveras quemadas?’. “Lo hemos bautizado así porque creemos que muchas personas tienen la sensación de que las llamadas primaveras árabes han muerto o han desaparecido, igual que ocurre con el 15-M”, explica Thais Bonilla, responsable de comunicación de NOVACT. “Éstas han derivado en situaciones muy complejas, incluso en focos de incendio en Oriente Medio, y nos preguntamos si las esperanzas que había tras esas revueltas se han quemado”, agrega.

En comparación con otros países, Thili destaca que en Túnez hay un alto nivel de libertad para las mujeres. De hecho, goza de una ley que reconoce el derecho al aborto en cualquier supuesto, durante los tres primeros meses de gestación, desde 1973, casi 40 años antes que España. La poligamia tampoco está permitida. Mientras que en países vecinos como Egipto las mujeres denuncian constantes abusos sexuales, en Túnez el acoso tanto físico como verbal está criminalizado.

Por otro lado, la activista denunicia la hipocresía que existe en la sociedad tunecina en cuanto a algunas libertades individuales, algo que achaca a cierta “inmadurez” colectiva. “Durante el mes de ayuno está prohibido comer en público, pero no dentro de los restaurantes, así que pocos ayunan, todos lo saben, pero aun así sigue esa ley en vigor”, asegura, con ironía. “Si pides alcohol en una terraza y el camarero reconoce que eres árabe, es difícil que te sirva”, continúa. Sin embargo, la lucha se centra más en reivindicar medidas económicas y políticas.

Durante la revolución se abrió un proceso de diálogo. En las asambleas que tuvieron lugar con las movilizaciones participaban todas las corrientes sociales del país, y en ellas se encontraban diferentes ideologías, desde el anarquismo y el comunismo hasta el islamismo. “Lo que entonces era un diálogo hoy se ha convertido en un enfrentamiento”, lamenta.

Pese a esta situación, en la que figuras del régimen de Ben Ali protagonizan la esfera política, los precios de productos de primera necesidad siguen subiendo y los organismos internacionales imponen recortes, Tlili no piensa que vaya a producirse un nuevo levantamiento como el que acabó con la el mandato de Ben Alí. “Muchos están muy cansados, otros en depresión, no quieren saber nada y prefieren enfocar su vida en otros temas”, admite. La documentalista asegura que a día de hoy prefiere trabajar con niños y jóvenes. “Ellos no están tan condicionados como nosotros”, señala. Tlili, como documentalista, no sólo enseña a los niños a expresarse mediante la creatividad sino que también se esfuerza en que defiendan su derecho a ser libres.

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Voces de mujeres marroquíes para acercar dos orillas

415_image_1_600¿Te han practicado la ablación? ¿En Marruecos tienes que ir con la cabeza cubierta? Éstas son algunas de las preguntas que ha tenido que responder Jihane Tber a lo largo de los últimos 15 años. Esta joven ingeniera agrícola lleva todo ese tiempo residiendo en España y constata el alto grado de desconocimiento que existe respecta a Marruecos. Su testimonio es uno de los que recoge el documental Entre dos orillas: Voces de mujeres marroquíes, en el que cinco residentes en Valencia cuentan sus experiencias y vivencias.

El objetivo de los integrantes de la Asociación de Artistas Árabes de España (3AE), productores del documental, es combatir los estereotipos a través de la cultura y el arte, herramientas y fines que manejan tanto en su país de origen como en España. El director de Entre dos orillas: Voces de mujeres marroquíes, Hicham Malayo, explica que ha querido dar voz a la mujer magrebí para que se exprese sin ningún tutelaje. Así es como luchan desde la cultura contra los prejuicios. Igual que la joven ingeniera, Malayo señala que a pesar de la cercanía entre ambos países -dos orillas a sólo 14 kilómetros-, en España impera un gran desconocimiento sobre Marruecos.

Ante las dificultades, estas mujeres son capaces de analizar la situación actual, dar un paso al frente y plantear alternativas. Una de ellas es Naima Ben Maarouf, profesora de Educación Física en su país y mediadora cultural durante más de ocho años en el ayuntamiento de Gandia. Asegura que siempre hay caminos y oportunidades para hacer cosas, así que optó por la creación de una cooperativa, con un grupo de mujeres, de productos fabricados por ellas que luego venden en un mercado medieval.

“La mujer inmigrante no siempre debe trabajar en la limpieza”. Estas palabras, que podrían parecer una obviedad, las pronuncia Amina Rkibi, licenciada en estudios islámicos y presidenta de la asociación Karama (dignidad, en árabe). Señala que a las mujeres inmigrantes les cuesta lograr unas condiciones dignas. Con un título de mediación intercultural, Rbiki no ha podido encontrar un trabajo relacionado con su formación.

La asociación ha presentado esta semana el documental en La Casa Árabe, y sus realizadores tienen la esperanza de poder llevar la experiencia de las mujeres marroquíes a más ciudades para cambiar la imagen que se tiene de ellas, “La televisión da un enfoque que no es 100% cierto”, lamenta una de ellas. Pero no tienen más elección que luchar por una vida digna en España, que ya es también su tierra. “A veces me siento inmigrante en mi país, allí no tengo amigos, lo tengo todo aquí” concluye Naima Ben Maarouf.

Un año de cárcel para una activista marroquí agredida tras una protesta

10589929_10153458062497524_1707589482_nLa joven activista marroquí Wafa Charaf, después de un juicio de más de 17 horas, ha sido condenada este martes a un año de cárcel y a pagar una multa de 50.000 dirhams (unos 5.000 euros). Charaf presentó una denuncia tras recibir una brutal paliza de manos de unos desconocidos al término de una manifestación en Tánger, el pasado abril, donde, como en otras ocasiones, tuvo un papel destacado.

Sin embargo, el calvario comenzó cuando se acercó a comisaría. Esta activa y conocida militante del norte de Marruecos ha sido acusada de denuncia falsa, pese a que presentó el informe médico correspondiente. Charaf comenzó la batalla judicial apoyada por la Asociación Marroquí de Derechos Humanos y Vía Democrática, organizaciones en las que milita, así como por el movimiento 20 de febrero (análogo al 15-M español).

Tras presentar la denuncia, la Policía sometió a la activista y a su familia a duros interrogatorios, durante los cuales, debido a su estado de salud, en ocasiones no lograba hacer frente a la presión y tenía que ser trasladada al hospital. Sus compañeros denuncian que Charaf ha recibido malos tratos, pasó días sin comer durante su detención y sin recibir medicación. El juicio, que ha tenido lugar en el tribunal de primera instancia en Tánger, comenzó el lunes a las cuatro de la tarde y finalizó este martes a las ocho de la mañana.

Las juventudes de Vía Democrática, partido de izquierdas en el que Charaf milita, han asegurado que la activista, al conocerse el veredicto, denunció ser víctima de un juicio político, y manifestó que continuará “luchando junto a sus compañeros hasta lograr libertad, dignidad, igualdad y justicia social” en su país.

Charaf está recibiendo apoyos desde dentro y fuera de Marruecos, como por parte de la eurodiputada Teresa Rodríguez (Podemos), quien ha mostrado su interés por el caso. También de Michele Decaster, secretaria general de la Asociación Francesa de Amistad y Solidaridad con los Pueblos de África, quien trató de presenciar el juicio como observadora internacional. La policía se lo impidió y la detuvo en una concentración de apoyo.

Persecución a activistas

El pasado junio, Amnistía Internacional (AI), tras obtener nuevos indicios, volvió a exigir a Marruecos poner fin a la tortura. La organización de derechos humanos ha recibido denuncias de casos en los quese usan descargas eléctricas en los testículos de los detenidos y golpes en diferentes partes del cuerpo con los ojos vendados y las manos atadas. AI ha denunciado también en varias ocasiones la impunidad de los torturadores.

Wafa Charaf no es, ni mucho menos, la primera activista secuestrada y agredida por un grupo de individuos desconocidos. Por ejemplo, durante las elecciones de 2011, Sara Soujar, miembro activo del movimiento 20-F, sufrió una agresión cuando repartía folletos que invitaban al boicot del proceso electoral. Este movimiento ciudadano critica que las elecciones en Marruecos forman parte de una transición inexistente y sirven como lavado de cara para el régimen. Un año más tarde, Soujar volvió a ser agredida mientras le espetaban: “¿No vas a meterte en tus asuntos?”.

Charaf está recibiendo múltiples apoyos. Se han sucedido concentraciones y comunicados. “Porque eligió unirse a las luchas de las masas en general, y a la de los trabajadores en particular. Ya que ha delatado la falsedad del discurso oficial del régimen y sus manifestaciones sobre la ausencia de tortura en Marruecos. Wafa paga hoy por su lealtad y defensa de las preocupaciones de los trabajadores. Resiste y aférrate a la telaraña, compañera, hasta que los cobardes cierren sus ojos”, escribía una amiga esta mañana en las redes sociales.

Elegir entre ser homosexual o marroquí

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Imagina que eres marroquí y por pasear de la mano con tu pareja por Tánger o en la plaza Jamaa el Fna de Marrakech se para un coche de policía y acabas durmiendo en el calabozo. O que, por tener una “actitud afeminada”, si eres un chico, o lo contrario si eres una chica, puedes acabar marginada por tus amigos, familiares y entorno. Si se confirma tu homosexualidad, puedes cumplir hasta 6 años de prisión.

Tras las revueltas árabes, que llegaron hasta Marruecos, surgieron colectivos como Aswat (“voces”, en árabe), que reivindica los derechos y trabaja por la visibilización de los homosexuales en el país. Sus miembros tienen que luchar desde el anonimato, y se valen principalmente de las redes sociales para protegerse de represalias legales, sociales y familiares.

El 17 de mayo, Día internacional contra la homofobia, arrancó una campaña en Marruecos en la que activistas y simpatizantes de Aswat difundieron fotografías suyas con las caras tapadas y portando carteles con diferentes lemas. Fue más que una jornada de lucha, ya que a día de hoy las imágenes continúan extendiéndose por las redes sociales.

Bajo la consigna “El amor no es un crimen”, iniciaron un llamamiento contra la homofobia y la persecución de homosexuales. Se difundieron vídeos (como éste o éste) en los que aparecían conocidos intelectuales del país.

“Soy homosexual. Tengo derecho a vivir con dignidad, sin miedo”, reza el cartel.

“Soy homosexual. Tengo derecho a vivir con dignidad, sin miedo”, reza el cartel.

Los activistas LGBT cuentan que un simple gesto de amor o mostrar una actitud considerada propia de homosexuales en la calle puede costar entre tres meses y seis años de cárcel o una multa de hasta 1200 dirhams (unos 120 euros). A pesar de la reforma constitucional impulsada hace tres años -forzado por las revueltas árabes- por el rey de Marruecos, Mohammed VI, el artículo 489 del Código Penal que criminaliza “actos licenciosos o contra natura con un individuo del mismo sexo” permaneció intacto, permitiendo que continuara la discriminación contra las relaciones homosexuales. 

En estos vídeos, personalidades como el activista bereber Ahmed Assed, denunciaba que en la cultura marroquí “no se le da prioridad a las personas, sino a las tradiciones y a la religión”. Otros, como el profesor universitario Abdulah Beda, señalaba que hay una “hipocresía social”, ya que “se evita hablar de algo que existe y que siempre existió en la sociedad marroquí pero no se quiere reconocer”. Apenas días después de la publicación de uno de los vídeos, la policía detuvo a seis personas acusadas de “homosexualidad” y juzgadas en un tribunal de Fqih Bensalah.

En este otro, bajo el título “Llamamiento contra la homofobia en Marruecos”, una activista marroquí, que se tapa la cara para no ser reconocida, denuncia que su país no da el derecho a amar y expresar ese amor a los homosexuales como sí se lo da a los heterosexuales.

Un joven coloca un cartel bajo una señal de ‘stop’ en el que se lee “la homofobia mata”.

Un joven coloca un cartel bajo una señal de ‘stop’ en el que se lee “la homofobia mata”.

Desde el poder, se impulsa la aceptación de la homofobia como una actitud valiente, heroica y definitoria de la identidad marroquí. A los homosexuales se les ve como algo extraño, “importado” de Occidente, títeres que destruyen los códigos morales magrebíes. De este modo, el colectivo LGTB se ve condenado a la clandestinidad y a conocerse principalmente mediante las redes sociales, ya que en cualquier momento puede ser víctima de arresto. De nuevo, los marroquíes que luchan por hacer avanzar a la sociedad se ven abocados a la clandestinidad.

Y es que los problemas de los homosexuales no sólo los causa la justicia: cualquier actitud sospechosa es motivo de discriminación, exclusión y persecusión violenta (“zamel”, “marica” en español, es una voz común en Marruecos). Muchos se callan para no ser repudiados por sus propias familias o rechazados por sus amigos.

De hecho, algunos grupos se dedicaron a amenazar con agredir a los homosexuales que se atrevieran a manifestarse el 17 de mayo, Día Internacional contra la Homofobia. Protestar contra la discriminación por motivos sexuales se hace equivalente a una agresión a la dignidad y al islam. Miembros del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), la formación conservadora que encabeza el gobierno de coalición, han cargado duramente contra la campaña: “Estos mensajes que ensalzan la homosexualidad no sólo son perjudiciales para nuestra cultura musulmana, sino que pretenden acabar con el orden social”, espetó la diputada del PJD Amina el- Maa Ainein en el parlamento cuando se inició la campaña.

A pesar de la criminalización generalizada en el norte de África, colectivos como Aswat fortalecen poco a poco sus lazos con diferentes movimientos LGTB de la región. Y continúan con su lucha para visibilizar y reivindicar sus derechos: estos días se está celebrando Mawazin, el mayor festival de música del país. Durante la actuación de Ricky Martin, gente del colectivo alzó una bandera gay entre el público. Es en estos espacios donde se evidencia que las nuevas generaciones empujan hacia un futuro Marruecos en el que ser libre.

Publicado en La Marea

Agujeros de libertad en los países árabes

catsEl escritor en mi país / habla todas las lenguas del mundo / menos la árabe: / tenemos una lengua temerosa / en la que se han taponado todos los agujeros de la libertad

El lenguaje imposible, de Nizar Qabbani

Esta semana ha sido condenado a diez años de cárcel el saudí Raif Badawi. Además, el castigo incluye mil latigazos y una multa de más de 250.000 dólares. Este joven no ha enviado dinero a paraísos fiscales, ni es el responsable de que las mujeres no puedan conducir, viajar solas o acceder a determinados puestos de trabajo, ni es el culpable del asesinato de inmigrantes que intentaban pasar la frontera buscando pan y cobijo.

Su delito fue, ni más ni menos, “insultar el islam y apostasía haciendo propaganda del pensamiento liberal” a través de una página web que creó llamada Red Liberal Saudí. Entre sus objetivos, se encontraba reivindicar la libertad religiosa y de expresión, los derechos de las mujeres saudíes, así como fomentar el diálogo entre los jóvenes, abogando por una mayor tolerancia en el país.

La brillante escritora feminista egipcia Nawal Saadawi respondió así una vez que le preguntaron sobre el poder de las redes sociales para derrocar a un régimen, al calor de la Primavera Árabe: ¡La gente! ¡Son millones! Hoy, gracias a tecnología como Facebook y Twitter, con eso se puede llegar. Y organizarse. Así es como la gente se ha rebelado”.

Los jóvenes saudíes no son los únicos que se refugian en el mundo virtual para tratar temas que aún siguen siendo tabú en las sociedades árabes. En las redes, al fin y al cabo, puedes respirar tranquilo sin temor a las etiquetas y posibles represalias moviéndote en el anonimato. Para muchos, ante las dificultades para salir de su país, la única vía que tienen para combatir las estrategias propagandísticas de cara al exterior es dar a conocer sus luchas mediante Internet. De este modo, se logra, poco a poco, arrancar la venda de los ojos europeos, de la gente de a pie, cegados por los prejuicios que fomentan sus propios medios de comunicación, que presentan a los hombres árabes como machistas y a las mujeres como sumisas, sin dejarlos ver más allá.

En cuanto a las instituciones y los gobernantes de los países occidentales, se caracterizan por su silencio -que no ceguera-, convirtiéndose en cómplices absolutos de los crímenes que se producen de forma sistemática dentro de las dictaduras amigas. El petróleo, el fosfato y otros recursos valen más para ellos que la libertad y la integridad física de la población. Desde la experiencia de Irak, ha ganado fuerza un sentimiento en los países árabes de rechazo a ser colonia de potencias occidentales y sus élites económicas. Pocos ilusos esperan ya que vengan de fuera a salvar y a traer la democracia.

Según Amnistía Internacional, Badawi fue víctima de una campaña del gobierno de Arabia Saudí con el objetivo de silenciar a los activistas del país. Se tomó la decisión de aplastar la voz, mediante severos castigos, de todos aquellos jóvenes que ejerzan su libertad de expresión. La página web del bloguero criticaba a figuras religiosas de alto nivel. Y eso no se perdona.

Por otro lado, Arabia Saudí criticó el mes pasado a Noruega por no declarar ilegal las críticas al Islam en el país, según recogía el diario The Independent. Y es que Arabia Saudí quiere aplicar leyes severas incluso fuera de su país. El ministro de exteriores noruego respondió que era una paradoja que los países que no cumplen con una mínima base los derechos humanos tengan un gran impacto en el Consejo de la ONU. El último informe de Human Rights Watch refleja que Arabia Saudita en 2012 intensificó las detenciones y los juicios contra disidentes.

¿Madre sólo hay una? ¿seguro?

Este 4 de mayo se celebra el Día de Madre. Igual que en San Valentín o en el Día
del 
Padre, hoy abundarán los regalos, los abrazos y besos en los hogares, los estadfamilialesbianaos de amor dedicado a las madres a través del Facebook serán numerosos. Como un día cualquiera abro el ordenador y empiezo a dar un paseo por las redes sociales leyendo lo que han compartido amigos, grupos y páginas que sigo cuando, de repente, llego al perfil de uno de ellos y leo que “Madre sólo hay una”. No es la primera vez que escucho esta típica frase, que se usa a la ligera sin pensar en las consecuencias.

Arrastramos modos de pensar, frases hechas, incluso patrones subconscientes de épocas -que continúan hoy aunque se rompan algunas brechas- en las que el patriarcado ha modelado todos los ámbitos de nuestra psicología. Nunca se dice “Padre sólo hay uno”, porque es la madre la que se supone que mejor cuida de los hijos, la que ha nacido para ello.

Habría que preguntarse si este modo de pensar se puede aplicar a todos los modelos de familia actuales o sólo a aquel que nos imponen desde el paternalismo y las élites religiosas. Es bien sabido que los modelos de familia son bien variados y no cumplen el patrón de hombre que trae dinero o recursos a casa y mujer que cuida del hogar como si fuera su templo.

Esta frase de “madre sólo hay una” no se aplica a muchas familias en las que el hombre se encarga de realizar las tareas familiares en igualdad de condiciones (y nunca he oído decir “padre sólo hay uno”). Tampoco a los adoptados -que tienen una madre biológica y otra adoptiva-, a los hijos de padres o madres gais (“madre no hay ninguna”, alegarán) o lesbianas (“madres hay dos”, responderán ellos).

 

Marruecos se moviliza contra el racismo al grito de “’Masmiytich Azzi’”

RACISME-MAROC

Un día como hoy, en 1960, en Sharpeville (Sudáfrica), la policía abrió fuego y mató a 69 personas en una manifestación pacífica contra las leyes del apartheid. Por eso este viernes se celebra el Día Mundial contra la Discriminación Racial, para protestar contra una lacra que está muy lejos de ser erradicada.

En Marruecos, bajo la consigna “papeles para todos”, una veintena de asociaciones ha organizado una campaña por la legalización de migrantes subsaharianos en el país norteafricano. El nombre de la campaña es Masmiytich azzi -“No me llamo azzi”- . La palabra azzi significa “negro”, y en Marruecos ha ido adquiriendo una connotación cada vez más peyorativa hasta convertirse en un insulto.

Las organizaciones sociales quieren aprovechar la efeméride para exigir que se regularice a todos los indocumentados. “La regulación no pasa sin integración. Y una integración plena y con éxito implica el fin de la discriminación racial”, apuntan desde la coordinadora. Desde Masmiytich azzi se pretende romper también con los estereotipos que fomentan el racismo cotidiano en Marruecos, atraer la atención pública y acabar con el discurso xenófobo que fomentan los medios de comunicación oficiales.

Se trata, sobre todo, de que los marroquíes de a pie descubran el fenómeno de la inmigración en sus propios países y no permitan una política migratoria dura, como la que se encuentran muchos de ellos cuando deciden dejar Marruecos y emigrar a Europa. “Nuestro mensaje es para que el marroquí de a pie ayude a cambiar actitudes racistas y xenófobas recordando el espíritu de tolerancia que siempre se ha respirado en nuestro país”, defienden.

Es la primera vez que la sociedad civil marroquí se moviliza contra el racismo. Durante el día de hoy, en Rabat, personalidades del mundo de la cultura, el arte, los derechos humanos y los medios de comunicación participarán en la sensibilización y promoción de la campaña. En los actos tomarán la palabra inmigrantes residentes en Marruecos, y finalmente se proyectarán varios cortometrajes.

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La marginación del subsahariano

El racismo está generando casos de violencia muy duros. “Fui agredida varias veces, nos escupieron y lanzaron piedras”, denunciaba Raquel, una joven que trabajaba de peluquera en Costa de Marfil y que ahora vive en Casablanca, en declaraciones recogidas por el portal marroquí H24info El de Raquel no es un caso aislado, sino un ejemplo de las situaciones que viven muchos inmigrantes.

El subsahariano se asemeja a un esclavo. Se le ve como un intruso expuesto a insultos. Los taxis se niegan a parar. Los empresarios se benefician de que éstos no tengas papeles para explotarles y luego negarse a pagar. Los activistas tienen claro que seguirán trabajando más allá de los actos de efeméride, y planean dar continuidad a los debates y a las actividades que buscan implicar cada vez más a la sociedad marroquí. La campaña, impulsada tanto en árabe como en francés, finalizará dentro de tres meses, el próximo 20 de junio, coincidiendo con el Día Mundial del Refugiado.

Publicado también en La Marea